miércoles 22 de abril de 2009

I am a FB-ero

En la descripción de lo absurdo hay cierta peculiaridad que raya en la verdad. No hay mejor punto de partida que el inicio y, es así, como comenzamos narrando la génesis de lo que en algún momento tuvo un punto de partida y ha de tener un fin (…). Contar esta historia desde su principio sería tediosa, además, no me da la gana de hacerlo; hay cosas que simplemente no me interesan contar; otras que obviamente no sé y otras de las que no deberías enterarte y en definitiva no diré: Para eso está Facebook.
Es la necesidad de decir que se siente lo que empuja al facebookero (FB-ero), a plantearse situaciones verisímiles e inverosímiles que planteen realidades con la cual, quien lo lee, se identifique, se reconozca o se compare y establezca parámetros de distancia entre el otro y el mismo. Es así, como en mi sentido tan egoísta de la vida me doy cuenta que no quisiera ser lo que me plantea el escritor de turno porque simplemente me refleja lo que, a veces, soy yo mismo (sí, ya deje de hablar en tercera persona). En muchos casos me ha pasado que me he visto tan reflejado en las líneas pertinentes y pertenecientes de aquel que escribe que termino por rechazar lo que se pretende decir, a fin de sentirme diferente. Es ver en muchos mis propios defectos y saber que no me gusta ser así y que, en definitiva, no seré así (más allá de mi cuarto). Incluso me he dado cuenta que todo aquello que no me gusta de muchas personas que están a mi alrededor son en parte mis propios defectos vistos en ellos ( ¿por qué sigo hablando de mí?). En cierto punto es una idea sin sentido porque entonces qué soy yo, un conglomerado de errores de los demás. Definitivamente no. Entonces, ¿Ellos toman mis defectos? ¡Ja! Vaya pretensión de narcisismo (¡ah! Eso era, tenía que hablar de mí, sino, no sería yo). En mi apreciación todos estamos cortados con la misma tijera. La diferencia radica en la tela de la cual estamos hechos (comparación básica y sencilla digna de una chica rubia). No me interesa explayarme en esto, total, no es de mi incumbencia, ni pretendo hacerlo mi competencia.
Así también, de la necesidad de reflejar nuestra necesidad de ser escuchados (aquí retomo lo que pretendía decir en el segundo párrafo y por hablar de mí, me desvié), sin hacer ruido, nos manifestamos en una simple pregunta: ¿qué estás pensando? Atrás han quedado los tiempos de Edipo y ese amor-patológico por nuestras madres. La nueva necesidad radica en que mis amigos facebookeros vean mi estado y sepan que existo. Que sepan cuando estoy mal, triste, alegre, enamorado, melancólico, arrecho y cuanto estado adolescente-hormonal-EMOcional-menstrual pueda reflejar.
Facebook es el amigo que todos necesitamos: Nunca se deprime. Nunca se queda sin saldo. Nunca le da menstruación. Siempre está al alcance de un click. Se cala tus peos. No te reclama. Te deja ver tu yo interno (si no pregúntenle a los quiz-eros que no saben qué tan reguetoneros son, qué tan sifrinos son, existen aquellos que ni siquiera saben qué tan buenas en la cama son). Te da un vistazo al futuro (te dice hasta el nombre de tu pareja ideal). Es el amigo que te acompaña a todos lados (antes era clasista, sólo iba a todos lados con aquellos que tuvieran un BlackBerry o un iphone). Es alcahueta (es el rompecorazones perfecto, si te quieres quitar a alguien de encima, sólo publica fotos “por accidente” con tu nuevo crush). E incluso, puedes decirle a quien le “pegarías 5 tiros” y no se alarma por los indicios homicidas que estás demostrando.
Facebook no te abandona (sólo si te has quedado sin conexión y sin saldo, pero no te preocupes, para eso tienes el BalckBerry de alguien al alcance de tu mano). Me pregunto quién será más popular: ¿Homero o El cara ‘e libro?
See ya!
PD: Nótese como cambia mi forma de expresarme desde el principio hasta el final. Sé que cualquier profesor me crucificaría por hacer esto, pero adivinen qué. Lo puedo insultar por FB y nunca sabría que es con él.
Éc.

viernes 20 de febrero de 2009

De momentos

Entre lo que se dice y lo que se calla, el silencio es el rey. Hay momentos para hacer pausas, otros para acelerar. Hay momentos para gritar, otros para estar en silencio. Se quiere cuando el corazón lo pide, se odia cuando… no hay órgano que te pida que odies, es la razón que en su divagar te lo exige. Hay momentos para hablar, otros para escribir. Hay momentos para llorar, otros para reír. Hay momentos en que amas, otros en que odias. Hay momentos para ver la infinita belleza que nos rodea, otros para cerrar los ojos y dejar de ver el horror de las cosas que hacemos. Hay un momento para mí, otro para los demás. Hay momentos en que te sientes ganador, otros en los que eres el perdedor. Hay momentos para correr sin detenerse a mirar, otros para caminar y ver el paisaje. Hay momentos para aprender, otros para olvidar. Hay momentos en que vives de sueños, otros en que sueñas vivir de verdad. Hay momentos de rabia, otros de felicidad. Hay momentos en que te atreves, otros en los que te acobardas.
--¿Cómo te sientes? -preguntó.
--Mejor –mi voz era ronca y las palabras eran algo forzadas.
--No hables, te hace daño –recomendó el doctor.
--¿Qué me ha pasado?
--Tuviste un accidente en la moto. Ibas a gran velocidad y llovía demasiado, al parecer el pavimento estaba muy mojado y perdiste el control –Explicó.
En mi mente sólo oigo el sonido del moto rugir agonizante y sentía que mi pecho ardía, intentaba respirar, alzaba el rostro como buscando aire puro pero sólo encontraba el olor a caucho quemado, caucho derrapado. Mi corazón empezó a latir rápidamente. Mi mente divaga. La veo ahí, entre las sábanas, con alguien pero no soy yo, no puedo ser yo, yo la estoy viendo. Gime. Respira rápido. Su cabeza y parte de su pecho desnudo sale de las sábanas cual ballena rompiendo la superficie del mar. Manos gruesas aprietan sus senos. Veo mis manos. Esas no son las mías.
--¿Cómo me encontraron?
--Un conductor iba pasando por la zona y te trajo rápidamente. Tuviste suerte –como si hablara para sí mismo y en un tono de compasión completó-, de no haberte traído de inmediato de seguro hubieses muerto desangrado.
Tragué saliva.
El doctor suspiro: “tenías múltiples heridas en el cuerpo. Tuviste un fuerte desgarro muscular en la pierna derecha, un par de costillas rotas en el costado derecho lo que ocasionó una hemorragia interna. Aparte de eso…”, decía.
La voz del doctor se iba alejando, poco a poco se hacía un eco, al final un susurro. Dejé de escucharlo.
Hay días lluviosos, otros de sol; unos fríos, otros cálidos. Puedes vivir para siempre, o morir en el olvido. Nunca morimos hasta que la última persona nos haya olvidado, hasta que nuestra foto haya sido quemada. Es parte de nosotros cada cosa que decimos. Podría decir que cada huella que he dejado al caminar es parte de nuestra existencia, pero como el sonido del árbol que nadie escucha al caer, hay huellas que nadie puede ver.
--En una semana podrás irte a casa —terminó.
--¿Perdón?
--Estarás una semana en observación, después podrás irte a casa –repitió.
Silencio.
--¿Está todo bien? –Preguntó-. ¿Te sientes mal? Puede ser el calmante que te dimos, algunos pacientes responden mal. Necesito que me llenes esta planilla –Extendió su mano hacía mí. El dorso de esta era pálido, con muchas arrugas que iban a la par con las de su rostro. Sus dedos eran largos y refinados, me recordaban a la forma de algunos cuchillos cuyo ápice mira hacia arriba-. Por favor, son datos crear el archivo –Culminó.
Sólo lo veía su mano estirada, la cual me tendía una tablilla que sostenía algunos papeles amarillos y azules con muchas letras. Por un momento me mareé.

Hay momentos para hablar, otros para escribir. De ambas maneras se hace ruido, te haces escuchar. Sólo quiero estar en silencio. Hay momentos para vivir, otros para morir. El primero podría ser una eternidad, el segundo debería suceder una sola vez. Aún sigo vivo.

Hay momentos para morir en el asfalto, otros para morir de desamor. Si no me mata el primero he de morir del segundo.

miércoles 28 de enero de 2009

Líneas Muertas

Estoy roto. Algo no funciona. El reloj dejó de hacer “tic-tac”. Algo se acabo. Algo ha muerto. Huele a pudrición. Dejaste un cadáver en descomposición. Restos de alguien que fue y ya no será. Cáscaras vacías de lo que una vez viví. Recuerdos llenos de nostalgia y aún así de mierda. Cuando te fuiste no lloré, lo hago ahora que te recuerdo. ¿Por qué lo hago? No lo sé, puede ser que extrañar a alguien es más doloroso que verlo partir. Definitivamente sí. A veces siento que me revuelco en los resto de ti y de para lograr sacar algo bueno de lo que fue. Todo fue bueno, realmente, fui yo quien lo corrompí. Lo dañé. Lo ensucié. No te culpo, aunque debería, tratar de cargar con la culpa yo solo no me hace mejor, me hace odiarte más. Tu recuerdo es lo más parecido a un ángel y aun así es mi demonio. ¿Cómo se puede querer a quien se odia? Fácil. No se odia, simplemente se quiere. Me duele darme cuenta que no eres pasado. Estás tan presente como el mismo día que te conocí. Estás tan presente como lo estoy yo pero ahora estoy yo y no estás tú y aún sigues estando en mí. Es como vivir con un fantasma. Comer con un fantasma. Dormir con un fantasma. Todo fue más que estás líneas pero menos de lo que pensé que podría ser. No tuvimos canción, aunque más de una te dediqué. No tuvimos fecha de aniversario pero celebré cada día contigo. Hay líneas muertas en mi corazón que narran una historia sin protagonistas. Son líneas que ya nadie lee, eran líneas para ti

viernes 23 de enero de 2009

Taller de redacción. Final

Brody

Estaba acostado, en el mismo sitio de siempre. Algo había cambiado y él lo intuía. No se había movido en todo el día de su lugar. Me recordaba al momento en que murió el abuelo: sus ojos mostraban la misma resignación, la misma pena, la misma melancolía. Tenía una mirada fija. Su respiración era lenta, su rostro tenía una paz que nunca había visto, sus labios no se movían aunque me daban la impresión de que sonreía. Me acerqué a él, me senté en sus piernas y me recosté en su pecho. Cual sonido de tambor escucha su corazón. Tranquilo, lento; era un corazón que a cada latido me contaba una nueva historia. Sentía que me susurraba al oído, mientras el abuelo con su mano izquierda acariciaba mi cabello. Caí en un sueño profundo. Al despertar el susurro se había apagado. La mano del abuelo caía flácida a un lado del mueble. Su pecho ya no se movía.

Me acerqué a él. Me senté a su lado y le acaricie la cabeza. Abrió los ojos y en la negrura de estos vi un destello. Me pedían perdón. No pude evitar dejar correr una lágrima. Mi corazón, cual hoja seca, de deshacía en pedazos. No lo culpaba. Creo que aún estaba en shock y no era capaz de reconocer mis propios sentimientos. Deslicé mi mano hacía su pecho y pude notar que respiraba con dificultad. “Debes tener una costilla rota”, le dije. Su respuesta fue un sonido agudo y melancólico que quebró mi alma. Todo se me arremolinó en la cabeza. Imágenes confusas teñidas de rojo venían a mí. El llanto de él. Los gritos de mamá. Un seco “crack”. Algo se rompió. La sangre de sus heridas empezó a manchar el suelo. Un golpe. Mi papá tomó el bate y se lo rompió en el pecho.

Lloré desconsoladamente. Él había sido mi compañero por más de 12 años. Había sido mi amigo, mi confidente, mi compañero en las noches de lluvia. Él no tenía culpa. Quiero justificarlo. Pero a la vez quiero culparlo. Lo amo y no puedo evitar sentir un gran repudio. Rabia. “¿Por qué lo hiciste?”, le reprochaba. Alzaba su cabeza y me miraba fijamente y me perdía en la negrura de sus ojos. Me acosté en el suelo y quedé en frente a él. Me miró fijamente. Yo lo miré a él. Puse mi mano en su pecho. Sé que sufría. Yo sufría aún más. Sus latidos eran cada vez más lentos. Se le dificultaba respirar. Nunca dejó de verme. Se detuvo. Empecé a llorar desconsoladamente y no paré hasta que me quedé dormida.

Abrieron la puerta. Abrí mis ojos. Sentí los pasos que subieron las escaleras. Sentía que cada uno martillaba mi alma. Escuché cuando abrió el cuarto de los trates. El chirrido de la puerta me lo indicó. Supuse que buscaría su revólver. Nuevamente sus pasos me martillaban el alma. Bajaba las escaleras.

-¿Qué haces ahí? –Preguntó papá en forma de regaño- Levántate y vete a tu cuarto -ordenó.
-No te preocupes –le dije. Volteé mi rostro hacía él-. Ya murió. Puedes soltar ese revólver.

De golpe, cayó de rodillas y dejo correr sus lágrimas. Aún llevaba la camisa blanca del trajo la cual tenía un gran lunar rojo que teñía por completo su pecho. Me incorporé. Caminé hacía él. Tomé su cabeza y la apoyé contra mi vientre. Soltó el revólver y me rodeó con sus brazos. Lloró cual niño, como nunca vi a un hombre llorar así.
En la atmósfera se sentía la melancolía, afuera todo era silencio. El mundo respetaba nuestro dolor.

Al día siguiente los periódicos titulaban: “Rottweiler ataca a niño de 10 meses”. Más abajo se completaba el titular agregando: “Padre llora desconsolado la muerte de su hijo. El monstruo que atacó al pequeño murió producto de un certero golpe en el pecho con un bate”. El sonido fue aterrador. Corrí al cuarto de mi papá. No estaba.” ¿A dónde se fue?”, me preguntaba. Bajé a grandes zancadas las escaleras.

-¡No! –grité. Llevé mis manos a la boca para ahogar el grito
-Tenía que hacerlo, sentía que estaba vivo –su voz no mostraba emoción alguna. Era monótona, automática.

Ahí estaba, de pie. Apuntando el cadáver de Brody con el revólver. Su cuerpo inerte yacía en el suelo con un disparo certero en la cabeza.



Yusti L. Héctor I.

miércoles 31 de diciembre de 2008

Sing for absolution




Sing for Absolution

Tratar de recordar es muy difícil. Pensar en cada momento se me haría casi imposible. Y memos con una memoria tan paupérrima como la mía. Más de 360 días han pasado, desde que comenzase el año que hoy está por terminarse y como hacemos muchos, es hora de hacer una pequeña introspección sobre qué hice y qué no. No pretendo detallar mi vida porque eso forma parte de mi colección personal y privada, sólo pretendo pedir absolución a los que lean. Aunque teniendo claro que lo hecho, hecho está.
No tengo una cronología para lo que aquí se escribe. Soy poco ordenado para las cosas, y mis recuerdos no son la excepción. Comenzó un año nuevo para todos y a las puertas llegó mi segunda década de vida. Corría mi primer semestre y ello indicaba un nuevo camino por recorrer, nuevas oportunidades, nuevos retos y una nueva vida. Nuevas esperanzas para unos y un sueño para mí. Una renovación. Fue un cumpleaños bizarro e inesperado, pero divertido.
En el 2008 no cambiaron muchas cosas, de hecho creo que los cambios fueron pocos. Mi edad cambió un digito y cambié el 1 por el 2. Ya no serán más los dieci… ahora serán los veinti… pero en muchas cosas seguí siendo la misma persona, la misma réplica. En muchos aspectos inmaduro, cobarde, inestable, incompetente, introvertido y sobre todo seco, mal que me ha atacado de tiempos recientes. Como me dijo alguien hace par de días: “tú pones un muro delante de todo aquél que te quiere conocer”. A lo que respondí: “No sólo coloco un muro, sino que hay un campo minado, una cercado de púas, y dos rottweilers, luego atravesarás un bosque oscuro, y al final de él, estaré yo”. Patético. Este año que se apaga, cual vela, me creé demasiadas expectativas, algunas muy altas para tan corto tiempo y en su mayoría fueron cayendo por su propio peso. Muchas de ellas me arrebataron el sueño. Otras arrancaron lágrimas de mi alma, en un sentido muy literario – de mis ojos no sale gota alguna desde hace mucho tiempo, he llegado a parecer un desierto erosionado-. Algunas otras, me arrastraron cual zombi. Unas cuantas me llenaron de rabia y sólo pocas de ilusión. Pero en definitiva, quién puede vivir sin sueños, alguna meta o siquiera expectativas. Lo más seguro es que en el 2009 las mantenga tal cual comenzaron en 2008, con la esperanza de que tendré 364 días para esperar ver su realización, hasta que un nuevo año esté por terminar.
Jugué a la ruleta rusa, en el amor. En muchas oportunidades fue yo quien apreté el gatillo y “maté” a muchos, lo cual lamento. Es ese tipo de culpa de aquél que ha pecado y se flagela a sí mismo en busca del dolor propio para la absolución de los pecados, simplemente falsedad. Sí, hay que ser muy cara dura para admitir que se es falso, pero lo admito. “Por mí culpa, por mí culpa, por mi gran culpa…” reza una oración. Sé que a quienes lastimé nunca leerán esto y estas serán palabras que llegaran a personas que nada tiene que ver con lo escrito anteriormente. Pero en fin, si soy culpable de algo es de ser impulsivo, poco precavido y sentimentalmente una piedra. En una ocasión una bala me rozó y me hizo ver la realidad de la cual quiero esconderme. Por un momento me asomé y pude ver como quema la luz. Cual vampiro que vaga en la noche, maldito, quien se le niega la luz del día a cambio de la inmortalidad. ¡Basura! Por un momento fuiste mi deseo, carnal y espiritual. También fuiste mi frustración.
Mis amigos. Gracias a la vida siguen siendo los mismo y los de siempre. Personas que no han dejado que el tiempo oxide nuestra relación, a pesar de mi ánimo corrosivo. Personas con las que puedo contar en las buenas y en las malas. Me han brindado su apoyo incondicional. Me han dado un abrazo cuando lo he necesitado y me han escuchado cuando he necesitado gritar. A ellos les doy las gracias porque son parte de mi vida y no quiero que jamás se vayan de ella. Dayana, sé que tal vez no leas esto, aunque no hace falta que lo hagas, sé que lo sabes. Te amo chicuela de ojos bellos. Has sido una persona realmente importante en mi vida, si tuviera que pagar en dinero, por poner un ejemplo, todo lo que has significado en mi vida no tendría como pagar, ni la “ayuda” económica de EU sería suficiente para mi deuda. No quiero que te vayas de mí vida nunca. No quiero dejarte de querer, no quiero que me dejes de querer. Vienen tiempos difíciles, lo sé. Seguimos convirtiéndonos en adultos, empezamos a hacer nuestras vidas, las responsabilidades se hacen mayores y cada vez tendremos menos tiempo para vernos, pero aún así confío en que seguiremos siendo los amigos de siempre y mejores. Daniela, mí “ojos de gato”. Palabras me faltarían para decirte lo mucho que te quiero. Sí fuera un padre diría: “has crecido tan rápido. Hasta hace poco eras la niña de mis ojos, a pasos agigantados te has convertido en una mujer”. También te quiero a mi lado, has sido una gran alegría para mi vida y en ella ocupas un lugar muy especial, me conoces como pocos podrían decirlo, mejor dicho, como casi nadie. Y aunque tengo la mala manía de alejarme, quiero que sepas que nunca te he dejado de querer ni un poquito. Bueno sí una vez, pero eso fue hace mucho, ¡ja! Desde entonces he aprendido que una amiga como tú vale…, perdón, no tiene valor cuantificable. Marco: creo que eres el amigo que más negre’o y aún así el más antiguo que tengo. Si pudiera regresar el tiempo cambiaría muchas cosas y trataría de ser mejor amigo. Eres el mayor que yo y aún así te veo como un hermano menor, eso nunca te lo he dicho, pero es así. Eres una gran persona. Tienes una cualidad humana impresionante. Y como siempre te lo he dicho mereces a alguien que te haga muy feliz. Este año estuvimos full alejados el uno del otro, pero aún así no has dejado de ser amigo con el cual sé que puedo confiar. Espero que este año esté lleno de muchas cosas buenas y que dejes de ser Michael Jackson y que tus metas se hagan realidad, pero recuerda una a la vez. Erik, Kleiber, Luza, M. Victoria, Víctor, Javier, Fidel, Junior, Yan, José Gpunto, Armando, Oriana, Gabriela, Aimara, Mayra. Gracias por compartir conmigo. Sé que son palabras breves, pero aún así quiero que sepan que espero seguir conociéndolos, son excelentes personas. Apartado especial para fidi, Yan y Víc, son grandes amigos y bueno éxito bro’s. Aunque no haya mencionado a varias personas aquí, á ellos también les deseo lo mejor...

Y para mi familia, sé que nunca leerán esto, pero gracias por estar ahí. Son el pulmón inagotable que le inyecta oxígeno a mi vida. Son mi esencia. Son mi todo. Mamá y Mami Aracelly. Son mi vida, son mi luz, son el amor en persona. Son lo más grande que tengo y son quienes en mi corazón ocupan el espacio más grande. Son la madre y la abuela perfecta, son lo que necesito y lo que quiero. Y jamás las cambiaría. Porque sin ustedes no existe Héctor Yusti. Gracias a ti Tio Alfredo, también te debo mucho, espero que el 2009 sea la materialización de tus planes. Papá, aunque no somos el mejor ejemplo de padre e hijo, somos el producto de lo que cosechamos. A ti también te deseo lo mejor y te doy gracias por lo bueno, aunque me gustaría borrar lo malo. Te deseo el mayor éxito en tus cosas y en tus planes.
Le doy gracias a la vida porque de ella me nutro.
Le doy gracias al 2008 porque de él aprendí.
Le doy gracias a cada persona que en mi dejó algo. Bueno y malo porque de todo he de aprender.
Gracias 2008 porque te vas. Bienvenido 2009.
Paz. Amor. Conciencia Ambiental.

viernes 14 de noviembre de 2008


We part of the same shit!

Hay palabras que dañan a los demás. Pero hay silencios que nos dañan más aún a nosotros mismos. Partiendo de las premisas anteriores, ¿hay conclusión posible?
No.

La supervivencia. Tendencia de mantener la vida por encima de las circunstancias que se nos presentan. Fin máximo ante las adversidades. Sobre poner tus necesidades por encima de los demás. El más apto. El más cruel. El más inteligente. El más audaz. El más mierda o el menos estúpido, ambas son válidas. Así, que la cuestión es: ¿Arriesgas tu supervivencia por preservar la de los demás? No.
Muchos, algunos, varios, pocos, yo carezco del sentido de supervivencia en su máxima expresión. Por ejemplo: podría (puedo) decirle al que me empuja saliendo del vagón del metro en la estación del metro, plaza (bolivariana) Venezuela, -lo coloco en mayúscula sostenida aunque no se deba porque quiero hacer resaltar esto- . ROLO DE MAMAGÜEVO DEJA SALIR A LA GENTE PRIMERO, CUMPLE LA MALDITA NORMA, POR ESE ES QUE ERES UN MALDITO OBRERO –acoto, no quiero usar obrero como juicio de valor pero es la primera imagen mental que me viene a la cabeza cuando evoco la situación y por mala costumbre, cosa que no se debería hacer, usamos la condición (estereotipos) para minimizar la condición, igualitaria, del ciudadano al cual atribuimos cierto estatus, así el “obrero” viva al lado de nuestra casa. Prosigo-, POR ESO ESTE PAÍS ESTÁ COMO ESTÁ, CHAVISTA TENÍAS QUE SER –acoto de nuevo, no quiero meterme con un “ideología”, sólo uso palabras que escucho, me disculpo si hiero sentimientos-, acto seguido finalizamos con: PAJUO.
Palabras que son muy practicas al momento de hacer catarsis, de esa forma podemos comenzar un día tranquilo y relajado, de alguna manera hemos liberado nuestros demonios. Realmente felicito a aquellos que son capaces de tener esa verborrea ante tal situación. Gritarle a un sujeto que no conocemos y además insultarlo en frente de una multitud, uno de los actos más bochornosos a los que podemos ser sometidos, es digno de ser aplaudido. ¿Por qué? Desde mi punto de vista porque careces de todo sentido lógico que es capaz de brindarte la experiencia –usando un término de lo aprehendido últimamente-, carecer de empatía con el “obrero” al que te diriges de forma tan peyorativa. Tener expectativas falsas sobre la reacción del sujeto y no saber que esperar de él, es un acto de extrema locura o de grandísimo valor y esto último es lo que merece mi aplauso. Para mí, esa persona, el emisor, es un dios. Claro, una conducta agresiva como respuesta a ciertas circunstancias, que en alguna medida no lo merecen, no es un buen sistema de salida, pero como ayuda.
En cambio, yo, podría escribir una enciclopedia de insultos para gente “impertinente” si escribiera sobre los millones de insultos que me he guardado a cuanto “obrero”, mono – sí, mono, y lamento la comparación de esos animales simiescos de gran inteligencia con aquellos humanos con conductas impropias de su condición de animal con cierta capacidad de raciocinio cuyo comportamiento es tan patético – “güircha” y cada uno de los “otro genéricos” – de estas categorías- que habitan en la fauna caraqueña. Pero sería más divertido y macabro hacer un álbum con imágenes recolectadas de mi mente, en donde recreo situaciones tan inverosímiles, ya que una imagen tendría más valor “estético” que miles de diccionarios de insultos.
Aunque creo que mí silencio también forma parte de mí mecanismo de supervivencia, de alguna manera trato de mantener mí integridad física, aunque ésta vaya en contra de mí integridad mental al recrear imágenes tan macabras – sí ya lo sé, uso mucho mí- . Pero hay cosas más complejas y arrechas que insultar al mono que te tropieza en el metro, por ejemplo, callar el odio, callar el amor, callar las penas, callar cuando es el alma quien quiere gritar. Es ese silencio el que si atenta contra nuestra supervivencia, ese que nos hace parecer una bolita de algodón roja –la que usan las abuelas para cocer- con cientos de alfileres clavados. Es ese silencio el que hace que hoy escriba. Es paradójico que el silencio produzca palabras en mis manos –muchos me golpearían por decir tal estupidez-. Hay tantos alfileres clavados en mi alma que quisiera ir sacando y no puedo. Muchos de esos alfileres lastimarían a gente que quiero y que contradictoriamente aborrezco. A más de uno(a) me gustaría clavarle un puñal de palabras que le causara tal hemorragia de sentimientos que causara la muerte de su alma. Eso me haría eternamente feliz, felicidad de tísico, porque me dolería tanto lastimar a quien quiero que sería como clavarle alfileres a mí propio muñeco vudú. Pero a la larga disfruto de lo que callo, es la esencia de lo que soy. Tú eres mi pecado y mi gloria. Mi infierno y mi cielo. Aunque definitivamente nunca he llegado al cielo.
Enjoy the silence!

sábado 1 de noviembre de 2008

(. . . – – – . . .) a la dignidad

sin imagen, tal atrocidad no merece expectadores(...)
En pleno Siglo XXI, epíteto de los tiempos que corren, me cuesta creer que seguimos en un continuus que implica, en muchos casos, un retroceso a lo que se pretende conseguir: la “paz” como máximo climax de la existencia humana. Hablar de “paz” es referirnos a un mundo utópico que nadie puede imaginar, es pensar en una existencia que no nos pertenece y que visualizamos tan lejana como el mismo fin del universo; porque desde que el humano aprendió a cagar, cazar, organizarse en “sociedades”, a reproducirse, aprendió el “arte” de la guerra como una herramienta que mide sus fuerzas contra quien se opone a el “cambio” o se resiste a la “penetración” del otro. Incluso las mejores tácticas de guerra se practican en el arte de la seducción, donde la guerra más encarnizada se practica en la cama y cuya consecución es el placer de las partes involucradas como bandera blanca que indica la “paz” de los cuerpos, donde el convenio no es la muerte del contendiente, o el enemigo -por eso de ser tu contrario en la “guerra”-, sino el éxtasis. Pero no pretendo escribir sobre sexo, aunque me resulté un tópico interesante. Procuraré regresar al sendero por el cual pretendo llegar con estas líneas. Escribía sobre la humanidad y como su avance no se corresponde a la dinámica que implica la física básica, y que para efectos empíricos siempre es igual, es decir, el transcurrir del tiempo siempre va en una misma dirección, hacía delante, él no fluctúa y mucho menos retrocede, aunque para muchos éste último sería el estado perfecto en una realidad cannabiática. Mientras que el humano se aferra a estructuras antiguas con la excusa de la identidad trunca el paso del desarrollo, siempre necesario; sí, es verdad que es indispensable una base sólida en estructuras perdurables, estás deben ser lo suficientemente flexibles para permitir la permeabilidad del avance. Esto no sucede en culturas tan antiguas y tan rígidas como la islámica y países tan inestables y carentes de cierta estructura como Somalia. En paseo por la web encontré un reportaje, hecho para El País, en el que se narra la lapidación de una niña de 14 años de edad, de una República africana con conflictos internos y donde la cultura islámica ha tomado fuerza. La lapidación como forma de castigo no sólo es una forma de reprensión a ciertas “conductas indecentes”, que según ésta ley, deben ser reprimidas con la condena de muerte. El adulterio en las mujeres es una de tales conductas. Si bien como canon de comportamiento, “las relaciones extramatrimoniales” no están bien vistas en cualquier sociedad, son hasta cierto punto reprochables pero aun así no son situaciones que ameriten un apartado en los que se denominaría “delitos”. Delito puede ser: abandonar un hogar, abandonar un hijo pero no es así “tener relaciones antes del matrimonio”, aún en las mentes más tabúes del catolicismo, puede ser reprochable, pero no juzgable y menos, en mentes cuerdas, ser castigado con penas de muerte tan humillantes como las del método islam.
REPORTAJE
Asha: adolescente, violada y lapidada
La joven acusada de adúltera y ejecutada por islamistas en Somalia tenía 14 años
LALI CAMBRA - Ciudad del Cabo - 01/11/2008
ELPAÍS.COM
Ni era una mujer, ni tenía 24 años, ni era una adúltera. Si hay un país en el mundo en el que lo malo se convierte en peor, ése es y desde hace décadas, Somalia. Y la historia de Asha Ibrahim Dhuhulow, la supuesta mujer de 24 años lapidada en público el pasado lunes en la ciudad portuaria de Kismayo, es sólo un reflejo. Porque no era mujer, sino casi niña. Asha no tenía 24, sino 14 años. No había cometido adulterio. Había sido violada por tres hombres del clan más poderoso de la ciudad. Ayudados por el tribunal islámico impuesto por las milicias integristas de Al Shabab, la muerte a pedradas de la menor sirvió para borrar todo rastro del crimen.
Somalia, inmersa en el caos entre un gobierno incapaz, señores de la guerra, islamistas radicales, ejército etíope, piratas, soldados de la fuerza de paz africana, (a sumar Estados Unidos, con esporádicos ataques aéreos), algunos enfrentados, todos armados, acumula víctimas. Asha, una más.
Asha no sólo murió víctima. Nació víctima ya. En el campo de refugiados de Hagardeer, en el sur de Kenia, en 1995, donde su familia tuvo que refugiarse tres años antes, huyendo desde Mogadiscio de los ataques contra su clan, el de los Galgale, una minoría en Somalia. Fue la última en nacer, la decimotercera de seis hermanos y seis hermanas, según explicó Ibrahim Dhuhulow, el padre de la niña, por teléfono.
Con la voz quebrada, Dhuhulow relató que Asha, que acudía a la escuela en el campo de refugiados, padecía epilepsia, por lo que la familia decidió enviarla con su abuela en Mogadiscio, donde podría recibir mejor atención médica. Kismayo estaba en su camino. Pero no contaban con la sempiterna guerra. En agosto, las milicias integristas de Al Shebab se hicieron con el control de la ciudad. Asha, "una niña muy dulce, muy humilde", se quedó atrapada en Kismayo, donde pudo sobrevivir estos dos meses gracias a los conocidos que había hecho en el camino. El dinero para llegar a Mogadiscio se le acababa, según decía a su padre por teléfono. La noche del sábado, tres hombres se le acercaron y la obligaron a acompañarlos a la playa, donde la violaron.
Bajo consejo paterno, ella acudió a los tribunales y denunció a sus violadores, que fueron arrestados. Y aquí se inicia, según declaraciones de Ibrahim Dhuhulow, la serie de desatinos que acabarían con la niña atada y enterrada hasta el cuello, lista para la ejecución.
Una hora antes de que la ejecutaran, Asha logró llamar a su padre. "Me dijo: 'Papá, soy tu hija, me van a matar, por favor, diles que me perdonen'. Le pregunté quién la iba a matar y por qué alguien iba a hacer algo así. Me dijo que el hombre a su lado no le permitía decirme las razones. Le pedí hablar con el hombre. Le pregunté: '¿Quién eres tú?, ¿por qué vas a matar a mi hija?'. Me contestó que no me podía responder a eso, 'pero que sepas que tu hija va a ser lapidada en una hora'. Me desmayé".
De acuerdo con la reconstrucción que el padre y los conocidos de Asha en Kimbayo han podido ir haciendo de los hechos, los familiares de sus agresores la convencieron con buenas palabras para que acudiera al tribunal islámico, retirara su acusación y perdonara a los tres hombres. Le darían dinero y joyas. Ella accedió, pensando que podría llegar a Mogadiscio con el dinero. Mientras, los mismos familiares acusaron a Asha ante el Tribunal Islámico por extorsión. Cuando Asha, en su inocencia, retiró la denuncia, fue arrestada y acusada de adulterio, de mantener relaciones sexuales sin estar casada.
"No le preguntaron nada, no trataron de hablar con ella, ni siquiera la visitó un médico", asegura Hassan Shire Sheik, director del Proyecto de Defensa de los Derechos Humanos en el Este y en el Cuerno de África (EHAHRDP). "Se hacen llamar tribunales pero no tienen ningún conocimiento legal". Shire Sheik confirma las palabras del padre de Asha según las cuales la niña se quedó sin defensa alguna también por el carácter minoritario de su clan, que no posee armas. "Nadie de su clan estaba en la ciudad, nadie armado estaba a su favor". Sheik, impulsor de diversas asociaciones de defensa de los derechos humanos en Somalia -por lo que tuvo que huir de su país y refugiarse en Canadá y Uganda-, se sulfura al hablar del caso: "Ni cuando las Cortes Islámicas se hicieron con el control de Mogadiscio en 2006 vimos ejecuciones así. ¿Dónde está la ley? ¿Quién la defendió? ¿Cómo se mata a una niña de catorce años? Están locos".
Lo mismo debieron de pensar los testigos de la ejecución. Un millar de personas que se acercaron al estadio de fútbol de Kimbayo, a los que se les dijo que se iba a lapidar a una mujer de 34 años, prostituta, bígama, adúltera. Pero pudieron ver y oír a Asha antes de que le cubrieran la cabeza con un capuchón. Asha la niña protestaba su inocencia. Unos cuantos trataron de romper filas y acudir en su ayuda.
Los milicianos integristas abrieron fuego contra la multitud. Mataron a un niño. Otras seis personas resultaron heridas. Por ello, posteriormente, los islamistas se disculparon y aseguraron que buscarían a los responsables de los disparos. No por las piedras, transportadas hasta el estadio en un camión. Nadie más se atrevió a proteger a la pequeña. Cincuenta hombres rodearon a Asha, la cubrieron la cabeza en un capuchón sollozante, e iniciaron el lanzamiento de proyectiles.
Hasta tres veces tuvieron que interrumpir la ejecución para comprobar si la niña todavía vivía. "Mi niña iba a la escuela, mi niña iba a ver a su abuela, no sé qué tipo de ley permite matar a una niña de catorce años", se desespera Ibrahim Dhuhulow, que sabe que algunos testigos dicen que parecía que la niña tenía problemas mentales y le duele pensar que pudo haber tenido un ataque epiléptico sin ser asistida por nadie más que por sus verdugos.
No es el único que se desespera. El responsable de EHAHRDP recuerda que Al Shabab es un grupo calificado de terrorista por el gobierno de los Estados Unidos, con vínculos con Al Qaeda. Al Shabab (La Juventud) fue formado como reacción a la invasión del ejército etíope de Somalia en 2006 para, con el patrocinio de los Estados Unidos, acabar con la Unión de Cortes Islámicas que se habían hecho con el control de buena parte del sur del país y de su capital. El Islam practicado en Somalia ha sido siempre moderado, pero parece que eso se acaba. "Van camino de convertirse en talibanes, estamos asistiendo a una primera fase de la conversión de Al Shabab en talibanes", asegura Shire Sheik, que considera que la ejecución de Asha "es una muestra de lo que nos espera: asesinatos públicos a sangre fría y publicitados por todos los medios para dar ejemplo".
El defensor de los derechos humanos somalí considera que Asha sirvió no sólo para cubrir a los autores de la violación, "sino también para atemorizar a la población, a aquellos clanes que no tienen poder". Para Shire Sheik, "es necesaria una intervención internacional efectiva y poder salvar lo que nos queda de Somalia".
EHAHRDP publicó recientemente un informe sobre la violación de los derechos humanos en el país del Cuerno de África en el que se constata que el respeto por la vida de los ciudadanos en Somalia no es preocupación ni del gobierno que se apoya en el ejército somalí, ni de los grupos integristas islámicos que van, poco a poco, recuperando el terreno perdido. Se calcula que nueve de cada diez ciudadanos ha sido obligado a dejar sus casas en los dos últimos años. Un millón de personas ha sido desplazado por el conflicto bélico.
Amnistía Internacional, condenó ayer duramente la ejecución de Asha, cuya muerte "es otro caso de abuso de derechos cometidos por combatientes en el conflicto de Somalia, otro que demuestra la importancia de investigar y documentar dichos abusos a través de una Comisión Internacional de Investigación".
Ibrahim Dhuhulow tiene a sus hijas enfermas por el dolor. Su suegro, su cuñado y dos de sus hermanos fueron asesinados por clanes rivales. A él le hirieron y, herido, huyó de Somalia. Ahora, sólo recuerda una y otra vez las últimas palabras de Asha a punto de ser asesinada.